martes, 19 de julio de 2016

Disciplina positiva: pautas para educar a nuestros hijos

Estamos en pleno verano y los más pequeños de la casa tienen una gran cantidad de tiempo libre. Pasamos mucho tiempo con ellos y es fácil que nos aborden dudas acerca de cómo educarles de la mejor manera posible. De hecho, esta es una de las tareas más complicadas a la que nos podemos enfrentar a lo largo de nuestra vida y debemos cargarnos de buena voluntad y muuucha paciencia.

Es probable que a lo largo de los años, preocupados por este tema, os hayáis topado con pautas, libros, métodos educativos para generar disciplina en los niños. Entre ellos, la disciplina positiva, basada en los presupuestos de los psicólogos Alfred Adler y Rudolf Dreikurs, fundamenta la educación de los niños en el respeto mutuo y la dignidad del ser humano. La propuesta educativa de esta corriente nos propone educar fomentando que los niños desarrollen estrategias y habilidades útiles para la vida. En este caso, los familiares actúan como guías y no como “impositores” de comportamiento. Desde esta filosofía se propone que nos basemos en el siguiente supuesto: educar con firmeza pero de modo amable. Es probable, que así de primeras no se nos ocurra cómo hacer ambas cosas conjuntamente. No obstante, puede hacerse. No es una tarea sencilla, pero a medida que cogemos la dinámica acabamos lográndolo con mayor facilidad. Para educar de este modo,  los niños deben percibir nuestro amor incondicional, así como comprensión y empatía. Pero a la vez, deben percibir que no vamos a ceder frente a las normas que hayamos generado, sin percibirlo tampoco como una imposición.  A continuación, damos algunas pautas que nos permitirán dar un paso en esta manera de educar, aplicable a diversas situaciones del día a día en la educación de nuestros hijos:
  • Conecta emocionalmente: Consigue que el niño o niña se sienta comprendido y pueda darle una etiqueta a sus emociones. Si está enfadado, dile: “sé que lo que ha ocurrido te ha enfadado…”. Si le ves triste, comunícaselo: “Pareces triste. ¿Quieres contarme qué ha ocurrido?”. Si ha hecho algo mal y por ello no va a tener un privilegio, mantente firme pero conecta: “Sé que te enfada/molesta que no bajemos al parque. Pero habíamos hablado que para ir tenías que acabar los deberes…”. Reflejar las emociones que sienten los más peques es una pieza clave para que se sientan comprendidos a pesar de que nos mantengamos firmes, y ayuda a que aprendan a identificar sus emociones desde la primera infancia.
  • Busca comprender por qué hacen las cosas: Cuando un niño o una niña haga algo que no debe, analiza los motivos que le han llevado a hacerlo. Si ha sido porque se sentía mal, si algo le ha llevado a ello o si solo se trata de una travesura infantil. Es importante que aprendamos a observar el comportamiento de los niños, para atender a cuando su mal comportamiento en realidad nos está queriendo decir algo.  
  • Comunícate de manera activa, clara y sencilla: Si quieres que haga algo, díselo mediante frases cortas y directas. Si en una misma frase le pides varias cosas, es probable que desconecte o “se le olvide por el camino” y al final, acabaremos enfadándonos nosotros. Además, atiende a cómo se lo comunicas. Si el niño o niña participa de lo que estamos diciendo, va a funcionar mejor que si le damos una orden directa. Esto es, en lugar de decirle “vete a dormir” podemos decir: “Son las 10. ¿Qué toca hacer ahora?”. Además, no te repitas. Cuando le dices una o dos veces algo, aunque en muchas ocasiones pueda parecer que no, se ha enterado. Si quiere lo hará y si no no, en cuyo caso último aplicaremos la consecuencia que toque. Si repetimos algo demasiadas veces, al final solo conseguiremos que, como coloquialmente se dice, “le entre por un oído y le salga por el otro”. Por supuesto, cualquier petición debe estar hecha desde el respeto. Son niños, pero merecen el mismo respeto que tendríamos frente a un adulto.  
  • Plantea alternativas: ¿Hay algo que quieres que tu hijo/a haga sí o sí pero que no sabes si saldrá de él/ella si empleamos las anteriores técnicas? Plantéale alternativas. Por ejemplo, si queremos que coma fruta de postre, dale a elegir: Es bueno comer fruta… ¿qué prefieres, pera o manzana? Si le decimos a un niño si prefiere levantarse a las 7:15 o a las 7:20 para ir al colegio, a efectos prácticos es similar que decirle nosotros la hora directamente. En cambio, el niño lo percibe como su elección. Es más sencillo que se comprometa con algo que ha elegido. Y cuando no quiera hacerlo siempre podemos recurrir a… “sé que no te apetece, pero lo pactamos así, ¿lo recuerdas?”, de nuevo, desde el cariño y respeto. Mediante las alternativas generamos una sensación de control, fomentamos la toma de decisiones y podemos aún así, seguir haciendo lo que queríamos.
  • Generad normas de funcionamiento en casa: En relación con su edad, los niños deben ir responsabilizándose de ciertas tareas (recoger los juguetes, hacerse la cama, poner la mesa…). Además, hay que generar normas de funcionamiento en el hogar que deben ser cumplidas. Pero a veces pecamos de pedirle a un niño que haga cosas sin explicarle el por qué, la finalidad de que lo haga… Y se percibe como una obligación “sin sentido”. Para favorecer que se comprometa con sus tareas, debemos pactar con el niño cuáles serán estas y hablar de por qué debe hacerlas. Además, “pactaremos” las nuestras, para que perciba reciprocidad. Generar una actitud positiva nos ayudará. Cuando pactamos las tareas, podemos hacer un póster conjuntamente con las tareas a realizar, podemos hacer carteles… Que estarán a la vista. Así si el niño no cumple su tarea, le podemos decir… “Creo que se te olvida algo… ¿qué te parece si miramos el poster de tareas, a ver qué nos tocaba hacer?”. Con tareas sencillas como esto, los niños se comprometerán en mayor medida. Y por supuesto, el tiempo que invertimos en la manualidad del poster permite compartir tiempo de manera positiva con ellos, fomentando la relación entre ambos.
  • No abuses de castigos ni de premios: los castigos pueden funcionar muy bien…  A corto plazo. Y lo mismo ocurre con los premios. Esto se debe a que el niño no acaba de comprender la dinámica de lo ocurrido. Ha hecho o dejado de hacer algo y tiene un castigo. Sí es cierto que tiene capacidad para asociar y comprender lo ocurrido, y se comportará bien durante un tiempo para evitar el castigo o para lograr el premio. Y en ocasiones vamos a tener que emplearlos, pero en el día a día podemos plantear una alternativa para no abusar de ellos: ya hemos generado normas de funcionamiento. Hemos pactado qué debe hacer y cómo debe comportarse. Añadiremos a ese “pacto”, que cumplir con las obligaciones le permitirá o no el acceso a una serie de privilegios. Le vamos a poner consecuencias a sus actos o no actos. Es decir, pactaremos que al parque se baja después de hacer los deberes. Que podrá comer una porción de chocolate después de haberse comido la fruta. Pero lo sabrá con antelación, sabrá qué consecuencia acompaña a su comportamiento, y no será algo “inesperado”.  Podemos recurrir cuando se comporte mal o no haga su tarea, que habíamos pactado que el parque era después de hacer la tarea. Y como no la ha hecho, no va. Pero si lo comprende funcionará de manera exponencialmente mejor que un castigo “a la manera habitual”.
  • Refuerza positivamente: Valora cuando hace las cosas bien y házselo saber. Si solo nos centramos en decir lo que hace mal pero no lo que hace bien, tampoco va a tener motivación para comportarse. Así que, cuando haga algo bien, díselo: “lo has hecho muy bien, genial; estoy orgullosa/o”. Refuerza los pequeños cambios: si suspendió varias asignaturas y ahora suspende menos, refuerza que haya aprobado varias, en lugar de centrarte en que todavía ha suspendido una. Eso sí. A la hora de reforzar tenemos que tener cuidado en como lo hacemos. No centres el refuerzo en cómo es el niño o niña, sino en la acción. No le digas “qué listo eres”, sino “te has esforzado y lo has hecho genial”. De lo contrario, tantos “qué listo” o “qué tonto”, “qué bueno” o “qué malo” podrían afectar a su autoconcepto y a cómo reacciona frente a logros y fracasos.
  • Permite que vivan las consecuencias inmediatas de sus actos: Errando se aprende. Tenemos que permitir a los niños que cometan errores, que se caigan. Que vivan lo que ocurre si no terminan de cenar un día (hambre) si no hacen los deberes (regañina). Que lo vivan para después, cuando nos lo cuenten, podamos ayudarle a gestionarlo y entenderlo. En ese momento, conectaremos emocionalmente y buscaremos juntos una explicación y soluciones a lo ocurrido.
  • Fomenta que solucione problemas por sí mismo/a: el día a día nos puede dar multitud de oportunidades. Para cada pequeño “problema” que surja, es muy probable que tendamos a darle la solución. Si discute con un amigo o amiga, le diremos que le pida disculpas o que hable con él/ella. Si se le cae el vaso de zumo de la merienda, igual le proponemos limpiarlo entre ambos. En cambio, podemos hacer algo muy sencillo en estas situaciones que va a disparar su capacidad resolutiva. Le podemos plantear: “Vaya, estarás triste por haber discutido…/vaya, se te ha caído el vaso y se ha manchado todo… ¿Qué se te ocurre que puedes hacer, cómo podemos solucionarlo?

Por supuesto, todo lo anterior constituye una serie de pautas. No quiere decir que sean reglas a aplicar siempre, ni que tengan un funcionamiento 100% infalible para el 100% de situaciones. Son pautas que nos van a ayudar a generar esa disciplina firme pero amable, la cual fomentará el bienestar y autonomía de los niños, la relación positiva, y todo ello permitiendo el establecimiento de una disciplina. Lo anterior nos permitirá, mostrando cariño, mantenernos firmes en las normas que planteamos. Por supuesto, es importante no ceder: si algo tiene una consecuencia la tendrá siempre, y debe haber coherencia entre los familiares más cercanos implicados en la educación del niño. Aplicar la misma disciplina. Los niños tienen mucha picardía y se pueden aprovechar si perciben inconsistencia.  

Además, para poder aplicar lo anterior de manera óptima, debemos tener en cuenta que necesitamos conocernos a nosotros mismos y generar autocontrol. No van a funcionarnos estas pautas si estamos muy enfadados y no hacemos más que gritar. Tenemos que estar calmados y hablar desde el respeto para poder aplicarlo. Por ello, entrenarnos en autocontrol es muy importante: contar hasta 10 antes de hablar, respirar profundamente, e incluso salirnos de la habitación unos segundos hasta que podamos hablar calmados será muy relevante. Si comenzamos a hablar con el niño o niña enfadados, este enfado solo se retroalimentará e irá incrementándose, como si subiésemos una escalera. Y llega un escalón en el que no podemos bajar.
Otro componente que debemos tener en cuenta, comentado al final pero primordial es el de generar una relación positiva con los niños. Pasar tiempo juntos, compartir momentos. Conversar por el placer de conversar. Dedicarles una cierta cantidad de tiempo, todos los días. Con ello favorecemos un vínculo positivo y es un componente base para el bienestar del niño o la niña, ya no solo para que nos haga caso.

Y sobre todo, tenemos que recordar que los niños, son niños. Aunque apliquemos el mejor método educativo al pie de la letra, aunque seamos padres ejemplares, se va a portar mal a veces. Van a desobedecer deliberadamente a veces. Van a hacer travesuras. Los niños todavía no tienen capacidades de razonamiento a nivel adulto, están desarrollándolas y no van a emitir un pensamiento completamente lógico y racional. No podemos culparlos, ni culparnos directamente a nosotros si a pesar de educar de la manera más efectiva se comportan como niños. Porque lo son.





martes, 24 de mayo de 2016

Padres separados; uno contra otro. Síndrome de alienación parental

En las últimas décadas, el modelo tradicional de familia ha asumido grandes cambios tanto en su dinámica como en su estructura y composición, dándose un enorme incremento de separaciones y divorcios.
Cuando hay hijos/as en común, lo ideal en una separación o divorcio es que la pareja aparque sus diferencias en todo lo relacionado con los niños/as. Ardua tarea: muchos padres separados no sólo no son capaces de cooperar por el bien y las necesidades de sus hijos, sino que los hacen partícipes de las disputas que ha generado la separación. Y es entonces cuando estos niños/as se ven inmersos en los problemas de los adultos, haciéndose partícipes en el conflicto, pasando a formar parte de las partes enfrentadas, y reproduciendo las disputas de sus padres.



Esto es lo que se conoce como el Síndrome de Alienación Parental, que según Richard Gardner (1985), se caracteriza por la censura, crítica y rechazo por parte de los hijos hacia uno de sus progenitores de modo injustificado y/o exagerado. Este concepto incluye el componente de lavado de cerebro, que implica que un progenitor, sistemática y conscientemente, 'programa' a los hijos en la descalificación hacia el otro.
La sintomatología que pueden presentar estos niños/as puede derivar en una aguda sensación de shock, de miedo intenso, y en un sentimiento de profunda confusión con consecuencias negativas tanto a nivel cognitivo, como conductual y emocional. Así mismo, estos niños/as presentan, a menudo, sentimientos de abandono y culpabilidad, rechazo, inseguridad, impotencia e indefensión, así como estados de ansiedad, depresión y conductas regresivas, disruptivas, trastornos en el sueño y en la alimentación, y problemas escolares.
Esta sintomatología puede verse incrementada cuando estos niños/as son forzados para participar en actos legales resultantes de la separación, donde sus sentimientos suelen ser utilizados como argumentos o ataques contra el otro progenitor. Sin duda alguna, esta situación repercute negativamente en el equilibrio emocional, y llega a ser de tal dimensión que las necesidades infantiles quedan relegadas a un segundo plano, pudiendo llegar a constituir un factor de riesgo de enfermedad mental en la infancia.
Con el objetivo primordial de promover y mantener el interés superior y bienestar del niño/a, es necesario intervenir en estos casos. Una intervención temprana en el Síndrome de Alienación Parental tendrá mayor probabilidad de ser exitosa, aunque es imprescindible el apoyo de los tribunales para garantizar, al menos, el inicio del trabajo terapéutico con estas familias. Además, no se debe privar al progenitor del contacto con sus hijos/as; si es necesario, se puede realizar el encuentro en condiciones controladas (con un equipo técnico en visitas supervisadas con acompañante terapéutico).  El uso de la mediación familiar también es un método eficaz para abordar el Síndrome de Alienación Parental cuando estemos hablando de casos leves o moderados. En este tipo de casos, los padres solicitan o aceptan la intervención de una tercera persona, el “mediador/a”, con la finalidad de llegar a acuerdos que les permitan reorganizar su relación como padres, clarificar e identificar los intereses en común, y, de esta forma, establecer una negociación que desemboque en acuerdos satisfactorios para toda la familia y de forma especial para los hijos/as.
Lo fundamental a fin de cuentas es NO OLVIDAR, en mayúsculas, QUE POR ENCIMA DE CUALQUIER OTRO INTERÉS DEBE PRIMAR EL INTERÉS DE LOS HIJOS/AS, DEBIENDO LOS PADRES VELAR POR ELLOS, E INTENTANDO POR DIFÍCIL QUE RESULTE EN ALGUNAS OCASIONES, SABER SEPARAR LOS CONFLICTOS DERIVADOS DEL DIVORCIO, CON LA CRIANZA Y EDUCACIÓN DE LOS HIJOS/AS.


viernes, 22 de abril de 2016

Bullying o acoso escolar

Cada vez son más numerosos los casos de acoso que se están detectando en los colegios. El acoso escolar, o bullying, no es una cuestión aislada; existe y tiene repercusiones negativas en el desarrollo y en el bienestar de los niños/as. Es por eso que no debe dejarse pasar por alto, a pesar de que todavía algunas personas consideren que es “cosa de niños”.

Pero… ¿Qué es el “bullying”? Cuando hablamos de bullying nos referimos a todas las formas de maltrato, intencionadas y sistemáticas, que ocurren sin motivación aparente, adoptadas por uno/a o más estudiantes contra otro/a u otros/as. El objetivo de este acoso se basa en el deseo de imponer el poder sobre el otro, de manera que mediante el sometimiento, la intimidación, el chantaje, y/o la amenaza, obtiene algo, eso sí, atentando contra la dignidad del niño/a y sus derechos fundamentales. Asimismo, hablar de acoso comporta tres elementos principales: un desequilibrio de poder entre acosador y acosado, ya sea real o percibido, la intencionalidad de la agresión, y la reiteración de este comportamiento agresivo. El acoso escolar, además, no abarca únicamente las agresiones entre iguales, es decir, se incluyen también las conductas de los niños/as mayores hacia otros/as de cursos inferiores, así como las conductas agresivas que entre compañeros que se producen fuera del colegio.

Dentro del acoso escolar no podemos hablar de un solo tipo; es más, con frecuencia se dan de forma simultánea el acoso físico (patadas, agresiones con objetos…), el acoso verbal (insultos, motes, menosprecios en público…), el acoso psicológico (mediante amenazas para provocar miedo), y/o el acoso social (exclusión y aislamiento progresivo del acosado).
Sea cual fuere, nos encontramos ante un problema global que afecta a todos los países, que se suele dar principalmente entre los 12 y los 16 años, y que como se ha apuntado anteriormente, tiene graves consecuencias psicológicas y sociales para los afectados, especialmente, cuando el acoso se prolonga en el tiempo. Nos referimos a consecuencias tales como:
  • Síntomas asociados al estrés continuado, como ansiedad, problemas para conciliar el sueño, irritabilidad, y ataques de ira sin que medie causa aparente que lo justifique.
  • Pérdida de autoestima, culpabilización, depresión, pérdida de apetito, anhedonia, y comportamientos de evitación de situaciones sociales, lo que le puede llevar a no querer salir de casa.
  • Somatización, como dolor de estómago, cabeza, náuseas y vómitos.
  • Pérdida de interés por realizar actividades relacionadas con el ámbito escolar, lo que conlleva una repercusión negativa en el rendimiento académico y en las calificaciones. 
Gestionar estas consecuencias de manera adecuada es primordial para evitar otro tipo de secuelas de mayor gravedad a más largo plazo. Por ello es fundamental abordar esta situación cuanto antes. En este sentido, la atención psicológica llevada a cabo por profesionales de la salud mental resultará de gran relevancia para las personas que están sufriendo bullying o lo han sufrido. A menudo el niño/a o adolescente puede sentirse avergonzado de lo que está sucediendo, escondiendo sus sentimientos y no deseando mostrar cuánto le está afectando la situación, pero es necesario cicatrizar esas heridas emocionales que se hayan producido.
Trabajar la autoestima y la imagen negativa de sí mismo/a, potenciar las habilidades sociales, y tratar la superación del trauma, serán algunos de los objetivos de la terapia psicológica. Asimismo, a finalizando destacando la importancia de una intervención conjunta con la familia, con el colegio y con la comunidad.




jueves, 20 de noviembre de 2014

Enseñar a estudiar


El aprendizaje de un buen método de estudio es fundamental  a la hora de sacar el máximo rendimiento del tiempo invertido.

A veces, pedimos a nuestros hijos que estén horas y horas frente a su tarea, cuando en realidad no están aprovechando la mitad del tiempo, o bien por falta de concentración, o por una mala planificación u organización del material. Por ello, el aprendizaje ya desde pequeños de un buen método de aprendizaje nos ahorrará muchos problemas en fases más avanzadas de su educación.

Existen métodos generales, las llamadas técnicas de estudio  tan en auge últimamente, pero debemos de contar con que cada uno tenemos nuestras tácticas que nos ayudan a estudiar y que hay a algunas personas que les sirven y a otras no, por lo tanto debemos adaptarnos a cada niño/adolescente. Por ejemplo, hay personas que son más visuales y por ello se servirán mucho de esquemas dibujos.., otras, prefieren la utilización de reglas nemotécnicas a la hora de memorizar, otros mapas conceptuales, esquemas, resúmenes…hay diversas opciones.

La organización es uno de los elementos clave a la hora de empezar a estudiar o preparar un examen. Hay que ver cuáles son las necesidades de estudio, en qué campos se tienen más problemas y cuáles son las prioridades inmediatas (exámenes semanales, deberes, trabajos…) y a partir de ahí confeccionar un horario de trabajo; si, trabajo, es bueno acostumbrar a nuestros hijos a un horario y unas rutinas con respecto al estudio para que vayan creando unos hábitos que les ayudarán a ser disciplinados y constantes.

A nivel muy general, hay que tener en cuenta los siguientes factores:

-Lugar de estudio: Que siempre sea el mismo, en silencio y sin distracciones (sin televisión, música ni ruidos)

-Tiempo: Este es un tema más controvertido. Como referencia suele decirse que un niño debe estudiar  diez minutos por curso y día (ir aumentando diez conforme avance de curso)es decir, si está en primero de primaria estudiaría diez minutos al día, si está en cuarto cuarenta, si está en tercero de la E.S.O noventa..etc. Esta se consideraría una pauta de mínimos y sería insuficiente cuando tienen dificultad en alguna materia o les falta concentración.
Tampoco podemos exigirle a nuestro hijo que estudie durante dos horas si siempre ha estudiado solo una o media, el cambio se debería de realizar de forma paulatina, aumentando poco a poco los minutos.

-Descansos: Los niños deben hacer descansos cada hora, no deben ser muy largos, pero es bueno que tengan pequeños periodos de unos quince minutos de desconexión, en los que puedan descansar.

-Organización del material: La mayor concentración la solemos alcanzar, al cabo de media hora de ponernos a estudiar, por ello es recomendable, el empezar con las tareas que consideremos de dificultad intermedia, después las más difíciles (coincidiendo con este periodo de máxima concentración) y por último con las más sencillas.

Estos consejos vienen a transmitir la importancia de la adquisición de un buen método a la hora de sentarnos en la mesa a estudiar, herramientas que una vez aprendidas nos serán muy útiles .

En Martínez Bardají Psicología, no sólo llevamos a cabo talleres con niños de diferentes edades para conseguir que aprovechen al máximo su potencial, sino que trabajamos en el refuerzo educativo de forma individual obteniendo resultados muy satisfactorios. Estaremos encantadas de ayudaros.

martes, 11 de noviembre de 2014

Educar en valores





Hoy  no quiero hablar sobre posibles trastornos que puedan presentar nuestros hijos, o sobre cómo organizar su tiempo libre o que tengan una dieta variada , hoy, quiero hacer una reflexión personal sobre la educación, pero no esa educación a nivel formal: ciencias, física, cálculo..; sino la educación que muchas veces dejamos a un lado, o a la que restamos importancia: la educación en valores.

En una sociedad cada vez más individualista,  van perdiendo peso conceptos como el compañerismo, el respeto, la igualdad, la empatía, la justicia y la equidad. Empezando por nosotros mismos, los adultos. A veces, es difícil hablarles a nuestros pequeños de estos conceptos, pues nosotros muchas veces los dejamos a un lado y nos es difícil servirles de ejemplo.

Bajo mi punto de vista, nuestros hijos deben aprender a  asumir responsabilidades y también a defender sus derechos, a discernir lo justo de lo injusto, a respetar al diferente, pues todos al fin y al cabo lo somos en algún aspecto, a ponerse en el lugar de otras personas y a ayudar al prójimo siempre que esté en su mano. Estos no son valores “hippies” o caducos, son valores que debemos tener presentes si queremos construir una sociedad mejor en el futuro.

Todos estos aprendizajes, los realizamos en el día a día resolviendo pequeños conflictos como cómo responder al niño que me quita el bocata en el cole, o ser o no ser amigo del niño “marginado” en clase. La forma de resolver estos conflictos, son enseñanzas que al fin y al cabo les marcarán y les servirán como directriz en un futuro para resolver sus problemas.

Tanto a nivel infantil, como juvenil hay muchos cuentos y/o lecturas que nos pueden ayudar en esta labor:

- Para los más pequeños la colección de “Cuentos para sentir “nos ayudan a tratar temas cotidianos como los celos, la timidez, el miedo…

 Además, hay películas y cortometrajes bastante interesantes que podemos ver con ellos y después hacer un mini-debate para que ellos expresen sus opiniones. He seleccionado dos:

-Cuerdas: Premio Goya 2014 al mejor cortometraje de animación, que habla sobre la tolerancia, la generosidad y la amistad; para todo tipo de público.

http://www.nacion.com/ocio/cine/Cuerdas-cortometraje-ganador-Goya-YouTube_0_1397660430.html

-El circo de las mariposas: destinado a público adolescente, con el claro fin de hacerles reflexionar. En este caso se tratan temas como el respeto, la dignidad y el miedo a no ser aceptados por los demás. Os dejo el enlace:


 

Espero que os gusten y os sirvan de ayuda, para que no olvidemos que educación abarca muchos más factores que los meramente escolares y académicos y que debemos dedicar un tiempo a formar a nuestros hijos en todos estos aspectos.
 

viernes, 17 de octubre de 2014

Obesidad Infantil

El aprendizaje de hábitos alimentarios adecuados en nuestros hijos es muy importante a la hora de prevenir cualquier tipo de trastorno en su alimentación.

Los niños son como esponjas y aprenden por imitación de los que tienen a su alrededor. Los padres, somos los que más tiempo pasamos con ellos, por ello debemos inculcarles actitudes y pautas adecuadas a la hora de sentarse a la mesa y un estilo de vida saludable desde los primeros años de vida.

Actualmente están aumentando  los casos de obesidad infantil y está demostrado que la mayoría de estos casos continúan teniendo problemas de sobrepeso ya en su edad adulta. La comida rápida o basura, las prisas por los horarios laborales de las familias o el sedentarismo infantil  debido al abuso de las nuevas tecnologías,  llevan a los niños a comer en exceso alimentos procesados (pizzas, canelones precocinados), chucherías, bollería industrial…etc. Todo esto se materializa en niños cada vez más obesos y sedentarios, que muchas veces calman sus ansiedades, preocupaciones e inseguridades con la comida. De ahí es de dónde pueden derivar los trastornos alimentarios tanto en un extremo como en otro.

Algunos consejos  que podemos daros a los papis son:

  1.           Intentar comer sin la televisión, pues generalmente esto les hace perder la noción de la cantidad de comida que están ingiriendo.
  2.          Por lo menos contar con media hora para comer con tranquilidad, sin prisas ni alborotos. Que la comida sea un momento relajado donde poder hablar con la familia de lo que se ha hecho en el día.
  3.           Limitar la cantidad de refrescos, sobre todo en las comidas porque tienen muchos azúcares  y además sacian al niño. Acostumbrar al niño a beber agua de forma continuada y abundante.
  4.           Respecto a la merienda y el almuerzo, sustituir la bollería y las frituras por frutas o lácteos. No saltarse ninguna comida.
  5.           Alternar el consumo de carne y pescado, moderando las raciones para poder acompañarlas siempre de guarnición de verduras y hortalizas.
  6.           Consumir la fruta preferiblemente entera. Menos frecuencia de zumos.
  7.           Programar actividades al aire libre para el fin de semana: ir en bici, hacer alguna excursión…etc
  8.           Es conveniente inculcarle el interés por la práctica de algún deporte, siempre el que él elija ya lo practique en alguna extraescolar o en el fin de semana.
  9.           Poner un límite de tiempo al ordenador, tv, play, tablet.. .etc, para acabar con el sedentarismo y promover otro tipo de juegos más activos.
  10. -         No es adecuado prohibir totalmente algunos alimentos como los dulces, porque en su justa medida no son perjudiciales  y el no poder comerlos nunca les puede generar ansiedad .
  11. -        Todos estos cambios en el estilo de vida se deben hacer poco a poco y sin presiones y sin utilizar la comida nunca como un premio o un castigo.




Como conclusión, deciros, que la alimentación tampoco debe convertirse en una obsesión, es decir, tan malo es el dejar que nuestro hijo coma lo que se le antoje, como el convertir la comida en algo demasiado medido y no permitir que se salga de una determinada dieta nunca. Lo adecuado como siempre, lo encontramos en el punto medio, en encontrar un equilibrio basado en una dieta mediterránea  en la que nuestros hijos coman todos los nutrientes que necesitan y en realizar algún tipo de actividad física por lo menos dos veces a la semana para que crezca sano y fuerte: ” mens sana in corpore sano”

jueves, 17 de julio de 2014

Organizar el tiempo libre de los peques de la casa


En verano, nuestros hijos tienen casi tres meses de vacaciones, frente al mes que solemos tener nosotros los adultos , y a veces es difícil planificar ese tiempo libre de la forma adecuada.

Es verdad, que los peques también acaban muy cansados del curso y necesitan un tiempo de descanso, por lo que no hay que tener estrictamente organizado todo lo que se va a hacer, pero si que es bueno ofrecerles alternativas en función de su edad para que ellos puedan elegir. Cuanto más pequeño sea el niño más estructurado tiene que ser ese tiempo libre, conforme se van haciendo más mayores, ya tienen más autonomía para organizarlo según sus preferencias.

Las actividades al aire libre son muy buena opción en esta época, los campamentos y colonias de verano les ayudan mucho a relacionarse con otros niños de su edad y además les ayuda a ir adquiriendo más resposabilidades y ser más independientes de nosotros.

Hay de muy diversas temáticas, de deportes multiaventura, de idiomas…etc  y adaptados a cada edad.Es bueno que ellos mismos elijan cúal es al campamento que quieren ir, irán mucho más a gusto y si su rendimiento ha sido bueno durante todo el año, se merecen poder elegir a donde quieren ir.

Además de los campamentos, podemos realizar actividades con ellos como excursiones en bicicleta por la ciudad, rutas en patines,prepararles gymkhanas por el parque para que encuentren el tesoro escondido, jugar con globos de agua, hacer un picnic…etc. Todas estas son actividades que no nos suponen mucho dinero y que a los niños les encantan, sólo consiste en echarle un poco de imaginación y sacarles un poco de la rutina diaria.

Ya en casa, hay que controlar el tiempo que pasan pegados a las pantallas, ya sea del ordenador, de la tablet o de la tele. Hay tiempo para todo. Para dosificar un poco las horas que pasan frente a la pantalla podemos buscarles alternativas, proponiéndoles otros juegos como hacer collares, jugar con plastilina, hacer marionetas,pintar con los dedos…etc; todo en función de la edad que tengan nuestros hijos.

Otra idea que puede ser útil en las noches estivales, es la preparación de noches temáticas, una dedicada a juegos de mesa, otra a ver películas, hacer postres, organizar pijamadas con algunos amigos, cuentacuentos…

También es importante aprovechar que tienen tiempo libre para inculcarles el valor de la lectura y de la cultura.Ir a la biblioteca y que puedan elegir libros que les apetezca leer y así podemos fomentar el hábito. Si no están acostumbrados, o son muy pequeños pueden empezar leyendo cómics y tebeos e ir avanzando a libros con más letra. Llevarlos a actividades culturales, como visitas a museos y es otra opción pero hay que intentar que éstas estén adaptadas a su edad y su lenguaje y no saturarlos.

El verano plantea muchas alternativas de diversión y de formación para nuestros hijos y nos da la oportunidad de pasar más tiempo con ellos.